dilluns, 22 de març de 2010

Poema de Navidad

Hace algún tiempo, haciendo limpieza en mi casa encontré este poema de Navidad que me hicieron aprender en primaria. Yo no sé cómo nuestra tutora no pensó en el trauma monstruoso al que sometía a unos tiernos infantes... Aquí va:


Carta de verdades llena,
muy sentida y amorosa,
que escribió un pavo a su esposa
la víspera de Nochebuena

Pava de mi corazón:
Escúchame… y no te asustes ni te asombres.
No te fíes de los hombres,
tú no sabes como son.

En mi anterior carta te decía
lo bien que en Madrid yo estaba,
y lo que me paseaba
por sus calles cada día.
Mas bien mis paseos pagué,
pues un domingo salí
y un hombre se fijo en mí.
Yo asombrado le miré,
¿Cuánto vale?, preguntó.
Y mi cicerón le dijo,
50 euros, precio fijo,
¿lo quiere usted? ¿Sí o no?
Yo sentí un escalofrío,
quise en vano hacer la rueda,
vi brillar una moneda,
y el hombre exclamó ¡ya es mío!
Por las patas me cogió
(figúrate qué trabajo)
y ¡ay, pava! cabeza abajo
a su casa me llevó.

Ya iba a llorar como un niño,
cuando a la casa llegamos,
y vi que mis nuevos amos
me trataban con cariño.
¡Vaya un pavo,
si es de lo bueno,
si pesa casi un quintal,
parece que esta relleno!
Manuela, cuídelo bien,
(Manuela era la criada)
que no le falte de nada.
Señorito, ya lo sé.
Déle a comer lo que quiera,
muchas nueces sobre todo.
En fin hija, de tal modo
me trató la cocinera,
que yo, sin pensar en nada
más que engordar, decía
¡no hay ganga como la mía,
ni vida tan regalada!

Pero ¡ay pava de mi corazón!,
de lo que me acabo de enterar,
y que te va causar
un grandísimo dolor:
¿Sabes por qué me cuidaban
con tal lujo y tal derroche?
¡Para comerme esta noche,
por eso me cuidaban!

Ten presente esta lección
y en ella tus ojos fijos,
y que la aprendan mis hijos,
hijos de mi corazón;
y gritad una y mil veces,
con voz que a la tierra asombre,
¡guerra a la mujer y al hombre,
a las trufas y a las nueces!

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